CON MÁS DE UNA

17.04.2014 16:30

con más de una...

 

En buena medida, por razones sociales y educacionales los hombres
somos más dados a presumir acerca de nuestras fantasías sexuales. Lo hemos ido
haciendo desde que nos masturbábamos con acierto las primeras veces, cuando
junto con amiguitos y compañeros de escuela veíamos las primeras películas
pornográficas, cuando conseguíamos nuestro premio social por 'llegar más lejos'
en los ligues, cuando fuimos de los primeros en perder la virginidad...

Algo muy habitual entre los hombres, algo que nos excita, es ver y estar con
dos mujeres teniendo sexo; y si entre ellas tienen sexo, lo consideraremos como
una experiencia inigualable y una fantasía cumplida. Que podamos escoger entre
varias mujeres, mezclar dos tipos opuestos de mujer que nos atrae, forma parte
de nuestras aspiraciones comunes de realización sexual.

Las mujeres nos resultan sexualmente más atractivas que los hombres, el cuerpo
femenino resulta más estético y fantaseamos hasta despiertos con una mujer de
cuerpo esbelto y suave en la cama. Hay mucha excitación cuando vemos dos
mujeres besándose, acariciándose... hay un trasfondo voyeurista observando esos
intercambios íntimos entre dos mujeres, nos gusta ver todo el proceso de
caricias, intercambios, gemidos... hasta que una mujer llega al orgasmo.

Añadamos a esto una dosis de dominación erótica en la escena sexual, muy
influenciada por la literatura y pornografía comercial predominante. Añade a la
fantasía mujeres que aparecen subyugadas y humilladas, usadas sexualmente en la
forma y capricho del hombre que posee a las mujeres. Así son muchas de nuestras
fantasías masculinas más atrevidas.

En el caso de bastantes hombres hay también mucho de morbo lésbico y mucha
egolatría con este tipo de fantasías. Sucede cuando piensan que no son
suficientes dos mujeres teniendo sexo, que esas mujeres no están disfrutando
como disfrutarían estando y follando con él. También aquí la pornografía
contribuye a fortalecer esta fantasía, imaginándose a las mujeres poseídas por
el sexo, empujadas por un impulso irresistible a arrojarse sobre su polla.

Luego están esos que llevan al extremo su atrevimiento y piensan que las
mujeres son depravadas, perversas, putas, insaciables, siempre dispuestas,
vulnerables para cualquier hombre, cachondas, ninfómanas y ardientes. Y claro,
tanta lindeza requiere del arte de la dominación y aparente supremacía
masculina sobre el sexo femenino, y aquí los hombres son los maestros, los
amos, los señores del sexo, mientras que las mujeres son las esclavas que sólo
merecen ser castigadas, dominadas, humilladas verbal y físicamente.

En contraposición a todo lo anterior, circula por la Red un Estudio cuyos
resultados ponen de manifiesto que a las mujeres lo que les excita es - y lo
escribo en orden de más habitual a menos - ver a un hombre masturbándose,
interactuando sexualmente con una mujer, también el sexo en grupo moderado
(referido a dos hombres y una mujer), sexo en grupo explícito (o sea, tres
hombres y tres mujeres), sadomasoquismo moderado y sadomasoquismo duro, y las
relaciones homosexuales masculinas.

O sea, que la megafantasía masculina no aparece en el escenario femenino por
ninguna parte. ¡! Pues muy triste la verdad ¡!. Al final resulta que con tanta
fantasía masculina lo que ganamos es una gran miopía sexual.

En nuestro mundo BDSM es habitual que, especialmente al comienzo de un vínculo
con una sumisa, muchos dominantes le expresen su interés en tener un encuentro
sexual con otra sumisa y montar su trío particular. Esto es más frecuente entre
los dominantes inexpertos que recién se inician. Se muestran a sí mismos como
unos golosos delante de un escaparate de dulces... y su egolatría los delata.

Algo que me resulta particularmente escabroso y sin sentido es cuando un
dominante encarga a su sumisa que busque una segunda. Las experiencias que he
conocido no han estado precisamente cargadas de buenos propósitos, al
contrario, se ha ocultado la pretensión del dominante de sustituir a la que ya
tiene. La tarea de dominar, la química de la Dominación / sumisión se genera
entre los dos roles, un logro en el que no interviene para nada la primera
sumisa ni las loas que se puedan clamar sobre el idolatrado dominante.

Desde que estoy en red y soy conocido por mantener un vínculo estable, he
recibido decenas de propuestas de un encuentro entre "un dominante, su
sumisa y mi esclava", y has leído bien, yo no aparezco en la escena por
ninguna parte. Decenas de propuestas de toda índole y variantes, unas más
estimulantes que otras. Me he negado y he considerado una absoluta falta de
respeto aquellas propuestas realizadas a mi esclava directamente por la sumisa
participante, es decir, aquellas donde el dominante ni es conocido ni ha dado
la cara y no ha hablado directamente conmigo; y la misma consideración he
tenido de aquellas propuestas que directamente me excluyen de la sesión.
Afortunadamente también hay experiencias positivas y satisfactorias que mrecen
ser contadas en otra ocasión.

Así que visto lo que sé, lo que opino y a fuerza de malas experiencias he
aprendido a hacer preguntas: ¿Para qué quiere el dominante una sesión de su
sumisa con otra?, ¿cuáles son las inquietudes?, ¿forma parte de su fantasía
dominante?, ¿es una fascinación voyeurista del dominante?, ¿es una forma de
estimular la sensualidad y erotismo de su sumisa?, ¿tiene algún propósito de
aprendizaje?, ¿es para que disfrute la sumisa, el dominante, ambos o todos?,
¿cómo se organiza y recrea?, ¿es una forma de favorecer el lesbianismo o la
bisexualidad?, ¿o es que es la sumisa heterosexual la que siente atracción por
otra?, ¿es también una fantasía de la sumisa? y ¿qué gano yo, como dominante y
propietario de mi esclava, con todo esto? Muchas de estas preguntas, cuando las
hago, se quedan sin responder. Entonces es cuando a tiempo, me doy cuenta, que
no hay nada ni estimulante ni de BDSM en esas propuestas.

 

Salud,
Gabrel

Autor: Gabrel
Extraido de Trazos D/s